miércoles, 27 de enero de 2010

MIRADA TRISTE



Tendría unos ocho años la primera vez que vi esa fotografía en un libro de mi padre y nunca he podido olvidar la carita de ese niño ni dejar de preguntarme qué sería de él. Fue en aquella época cuando comencé a leer y oír hablar de la persecución de los judíos por parte de las autoridades nazis y de la II Guerra Mundial y, aún hoy, treinta y siete años después, sigo sin comprender cómo fue posible que pudiera acumularse tanto odio hacia las personas sólo por el hecho de ser diferentes.

Durante todos estos años, no he conseguido poder mirar esta foto sin sentir una profunda tristeza, de la misma manera que se me encoge el corazón al leer cómo Violeta Friedman se libró de la cámara de gas sólo por parecer mayor de lo que era, se me hace un nudo en la garganta cada vez que, en las fachadas de algunos colegios de París, veo una placa en memoria del alumnado judío que fue deportado hacia los campos de concentración, lloro como una Magdalena cada vez que leo algún libro o veo alguna película con la Shoa de fondo o me cabreo cada vez que surgen nuevos grupos neonazis o personajes que, como cierto obispo polaco, se empeñan en negar lo que ocurrió.

Treinta y siete años después de ver por primera vez esa foto, sigo sintiendo que el odio hacia quien es diferente, aún es capaz de acumularse y comprimirse hasta estallar y arrasar todo a su paso, y vuelvo a ver la misma mirada triste y asustada de ese niño en los ojos de quienes, ahora, son el blanco de la misma aversión.

6 comentarios:

a p n e i c a dijo...

¿y qué pasa si lo que sientes en las espaldas a veces no es el dolor lejano en el tiempo? ¿y si un día te levantas y te das cuenta de que sigue pasando sin contemplaciones?

¿cómo hacer?

Anónimo dijo...

magnifica entrada, es increíble que pueda haber negacionistas en la iglesia polaca, que fueron testigos del antisemitismo mas feroz.

Rukaegos dijo...

Gracias por la foto y por el texto.

Cuánto dolor y silencio se respiran hoy en tantas partes del mundo por una historia llena de odios y exclusiones.

Bertold Brecht dijo al término de la guerra mundial: "Hemos matado a la loba, pero aún están sueltos los cachorros". Ojo avizor, por desgracia el mundo está lleno de lobeznos ávidos de sangre, podridos por el odio. Todavía hoy. Todavía entre nosotros.

mariete dijo...

La foto hiela el alma. Su mirada dice e impacta más que cualquier texto sobre el holocausto. Gracias por compartirla con tod@s. Un beso.

Lille Skvat dijo...

Ese odio que llevo a la masa a cometer las barbaridades que cometieron contra lo diferente existe todavía hoy y creo que nuevamente va en aumento. Solo hay que ver la xenofobia que aumenta sin cesar en todas partes.

Anónimo dijo...

Si lees el Mein Kamp, verás que Hitler dice textualmente que el problema no son los judíos por su religión la cual tolera , que el problema para él es que todos los marxistas ( socialdemocratas y comunistas) son judíos. Esa identificación es la que le lleva al exterminio. Más de 20 millones de soviéticos murieron en manos de los nazis en pocos años y varios millones de marxistas alemanes, españoles, polacos y de otras nacionalidades fueron también aniquilados. Que no se olvide nunca esto.