martes, 29 de noviembre de 2016

FLORES, BOMBONES, CANCIONES

Nos enseñaron a deslumbrarnos con fuegos de artificio, con esos pequeños detalles que había  que agradecer como prueba de amor eterno, pero tuvimos que aprender nosotras solas que debíamos desconfiar de esas chispas que pueden quemarnos pero no calentar el resto del tiempo.

Ahora recuerdo flores cortadas de un jardín y ofrecidas por quien luego me hizo la vida imposible, canciones que me hicieron sentir importante porque me las compuso quien más tarde me hizo sentirme como una mierda, y bombones cuyas cajas tenían un tamaño directamente proporcional al daño que pretendía ser redimido. 

Ahora, atrapo el color y el aroma de las flores que observo libres, me compro bombones para celebrar el amor por la vida y tarareo canciones ajenas aunque fueran escritas para otras.



domingo, 2 de octubre de 2016

POSTALES DE ENAMORADO



Vivo y trabajo en un barrio de Zaragoza lo suficientemente apartado del centro como para que, después de veinticinco años, aún haya rincones por los que no haya pasado apenas. Más aún si esos rincones están en la margen izquierda del Ebro pues no suelo cruzar los puentes salvo que tenga que ir a algún lugar a propósito y, casi siempre, suelo hacerlo en autobús o tranvía.

Sin embargo, ayer tuve ocasión, después de una visita guiada de esas a las que me llevo apuntando desde el año pasado, de pasarme por el balcón de San Lázaro, uno de los lugares favoritos de las parejas zaragozanas para hacerse sus fotos de boda. De hecho, coincidimos con cuatro parejas en el mismo sitio.

No sé si fueron las bodas, o el momento en que pasó un autobús por el puente de Piedra, pero mis recuerdos se fueron a una postal de las que mi padre le mandaba a mi madre cuando aún festejaban. Mostraba la imagen de un atardecer sobre el puente y la basílica, tomada desde un poco más cerca de donde yo estaba anoche.

Desde entonces, hace casi cincuenta y tres años, han pasado muchas cosas: mi padre se casó con mi madre, nacimos cuatro hermanas y tres hermanos, crecimos, vivimos, nos hemos independizado, hemos creado nuestras propias familias y mi padre nos dejó ya hace tres años y medio, pero ver  cómo lucen igual de bonitos el puente de Piedra y el Pilar tanto tiempo después me recuerda que vengo de un amor que siempre me acompañará.

viernes, 30 de septiembre de 2016

UNA CANCIÓN, ESA CANCIÓN

Siempre hay una canción que, por mucho que nos cueste elegir entre tantas, nos sigue pareciendo una de las más bellas; nos eriza la piel por mucho tiempo que pase y nos acompaña siempre en momentos de nostalgia y añoranza.

Nunca falta una canción que nos viene a la cabeza sin saber por qué y desencadena una cascada de recuerdos y sensaciones, nos trae a la mente el sabor de aquel café y el aroma de ese abrazo que a veces extrañamos. 

Siempre nos queda una canción cuando ha desaparecido todo lo que teníamos aquel día que la escuchamos por primera vez.

martes, 27 de septiembre de 2016

ENTRE EL CIELO Y EL SUELO



"Entre el cielo y el suelo hay algo
 con tendencia a quedarse calvo
 de tanto recordar."

 (José María Cano)



Entre el cielo y el suelo quedan cada vez menos árboles que den sombra, menos troncos centenarios a los que abrazarse, menos ecosistemas que den de comer a las aves. Cada vez se vuelve todo más gris e incómodo, hay más terrazas invadiendo espacios públicos y menos criaturas jugando en las plazas. 


Todo se llena de asfalto y granito mientras se vacía de vida,  las ciudades ya no están hechas para los seres vivos sino para las máquinas, pero yo, mientras tanto, sigo buscando en cada rincón una mínima señal de que al menos queda algo que aún late.


lunes, 26 de septiembre de 2016

UNA INVITACIÓN INDECLINABLE


"Son ciertos los días
 que amanecen radiantes
 de nubes mensajeras que te invitan a viajar,
 te invitan a soñar.

 A veces los días te invitan a viajar,
 guiado por la luz de la mañana."

 (Manolo García)



Hubo un tiempo que viví  y del que no ha quedado mayor certeza que aquellos viajes que intentaban en vano doblar el mapa y acortar una distancia física que, al final de todo, resultó ser más breve que la distancia emocional. El ritual de comprar los billetes tras haber buscado la mejor oferta, preparar la maleta la noche antes y llegar a la estación lo suficientemente temprano como para asegurarme de que nada me haría perder ese tren, es el único recuerdo que recreo cada vez que decido escaparme del ruido. Todo lo demás es único e irrepetible en cada viaje: cambia la luz de las ciudades aunque, a veces, repita destino; cambian las expectativas y, sobre todo, cambia la mirada con la que atrapo al vuelo cada instante precioso y, por eso, cada invitación a viajar sigue siendo indeclinable.

sábado, 17 de septiembre de 2016

SABORES DE DOMINGO


Hoy, que había oferta en el súper de este tipo de bollos, mi memoria de niña se ha ido hasta aquellos domingos en Fuenlabrada, cuando  mi padre me daba dinero y me mandaba a aquella pastelería, de camino a la plaza de España, a comprar bucaneros, tigretones y panterasrosas para que merendáramos en casa. Entonces era toda una fiesta porque esos días eran los únicos en que nos podíamos permitir ese capricho.

Ahora podría comerlos siempre que quisiera pero no sé si es porque ya no me resultan tan especiales por eso, porque quizás ahora tengan más guarrerías de las que llevaban entonces o, simplemente, porque la percepción gustativa cambia con los años, ya no me saben igual que entonces pero el recuerdo de aquellas tardes sigue igual de nutritivo para mi espíritu.

lunes, 29 de agosto de 2016

NI UN PASO ATRÁS

En estas últimas semanas hemos asistido a un enconado debate sobre los diferentes códigos de vestimenta ligados al género que imperan en todo tipo de sociedades.

No pasó desapercibida aquella imagen en la que una jugadora de voley-playa lucía un escueto bikini deportivo en contraste con el recatado atuendo, hiyab incluido, que llevaba su rival. Asimismo, ninguna persona nos hemos mostrado indiferentes ante la opinión de que la moral islámica relativa al vestuario, y siempre asimétrica con respecto a ambos géneros, sea o no socialmente aceptada en un país como el nuestro en el que, al menos aparentemente, se creían superados ciertos dobles raseros en cuanto a la indumentaria.

Sin embargo, se me cae ese mito de superación cuando, ante la dramática desaparición de Diana Quer en A Pobra Do Caramiñal, abundan especialmente los comentarios que centran el foco en los pantalones cortos que lucía la joven y en las horas en que ésta iba andando por la calle.

Hace unas semanas tuve el horror de leer, en un muro de Facebook, el estúpido comentario, digno sólo de una mente igual de estúpida, con referencia al machismo islámico "para que luego se quejen las españolas de lo que tienen aquí, si es que Dios da pan a quien no tiene dientes".

Pues sí, como mujer y como española me quejo de todo lo que tenemos aquí: de los musulmanes que van bien fresquitos en bermudas y camiseta mientras sus parejas van tapadas hasta las orejas, de la patulea española que lo tolera con total condescendencia y de la que sigue cuestionándose el drama de una desaparición o de una agresión sólo por los centímetros de carne que la víctima deja a la vista.


Cuando los avances en materia de igualdad son tan lentos, no podemos permitirnos dar un solo paso atrás.

jueves, 25 de agosto de 2016

PARA LA LIBERTAD


"Porque soy como el árbol talado, que retoño:
 porque aún tengo la vida."

 (Miguel Hernández)



Un año después de ver el trailer mientras esperaba a que empezara Minions he ido a ver Mascotas y me ha dado por pensar en muchas cosas: en dónde estaba el año pasado por estas fechas y en todo el camino recorrido hasta ser la de ahora, en todas las decisiones que he tomado durante todo este tiempo y  todo lo acertadas que han resultado ser y en que nada es para siempre ni todo el mundo es siempre lo que parece.


Pero también he pensado en alguien cuya libertad le ha costado un tiro en la cara y que hoy, por fin, sabrá que ya se terminó el miedo. He pensado en quien no sabe vivir sin asumir las consecuencias de sus actos y que sólo sabe responsabilizar de ellos a sus circunstancias. He pensado en que la felicidad a veces es sólo cenar un poco de salmorejo y un sandwich de queso con lechuga mientras contemplo a mi gato dormitar encima de la mesa y que los mejores momentos no dependen de lo que otras personas decidan.

Sí, he pensado que la libertad cuesta y vale demasiado como para renunciar a ella en favor de otra persona y, de nuevo, me reafirmo en mi decisión de no perderla nunca por nadie.

martes, 23 de agosto de 2016

SEGUNDAS (O TERCERAS O CUARTAS...) OPORTUNIDADES



Meme inspirado en un fotograma de "Being Julia" (István Szabó, 2004)

"You had a chance and you blew it.
 You may never get another chance.
 You had the floor and you knew it.
 You can´t blame it on your circumstance."

 (Eric Clapton)



Trabajarse una autoestima a prueba de balas es, para quienes no nos ha sido dada de serie, un arduo proceso que dura toda la vida pero cada pequeña victoria es un impulso para no bajar la guardia y mantenerse en el empeño.

Hacerse mayor es, en este sentido, de gran ayuda cuando hemos acumulado la suficiente experiencia para saber de una forma más o menos certera qué es bueno para nosotras y qué cosas debemos dejar atrás definitivamente. Sin embargo, a veces nos puede ese atavismo por el cual se supone que debemos estar siempre dispuestas al perdón y a dar cuantas oportunidades sean precisas en un ejercicio de  empatía en su sentido más perverso.

Cuando, no obstante y obviando tropezones y ocasionales pasos atrás, seguimos un proceso saludable en pos de nuestra autoestima, aprendemos que las segundas -y no digamos las terceras o cuartas- oportunidades están más que sobrevaloradas en más casos de los que imaginamos y prueba de ello es que nos puede la sensación de haber hecho el primo en más ocasiones de las que habríamos querido.

Ahora que nos hemos hecho mayores, que el camino a recorrer es ya menor que el que llevamos andado y que hay que aprovechar el tiempo y las energías con todas esas personas que nos quieren bien y con las que aún nos quedan por conocer ¿qué necesidad tenemos de seguir desperdiciándolos con quien no se lo merece?

lunes, 22 de agosto de 2016

VUELTA AL HOGAR

Desde siempre he asociado los taxis con los regresos a casa en días en que se hace tarde y ni encuentro autobuses ni me apetece volver andando, en finales de estancia en un hotel demasiado alejado de la estación como para ir arrastrando una maleta mientras camino, en ese último tramo desde la estación hasta mi casa porque, una vez asumido el final de las vacaciones, ya sólo quiero volver lo antes posible.

Entrar en un taxi es para mí sentirme acompañada y protegida mientras atisbo fragmentos de vida a través de un cristal, disfruto la música que pueda estar sonando y rememoro todo lo que he dejado atrás. A veces, recreo las sensaciones de los últimos días, otras he ocultado mis lágrimas detrás de unas gafas oscuras e, incluso, en alguna ocasión me he sentido fugitiva al salir de una casa a la que juré no volver.

Pero yo me quedo con esa sensación de cálida acogida que me acompaña de vuelta al hogar.