domingo, 24 de abril de 2016

TARDES DE DOMINGO


"Lo peor de todo es la luz de los domingos por la tarde porque es un momento gozoso, pero solo para lo que me rodea: la gente, el mundo, parece disfrutar de una tarde de luz gloriosa, de buen tiempo y yo, yo lo que quiero es que acabe, que se acabe ya. Entonces me empieza a doler el corazón y quiero que pase el tiempo. Que se haga de noche."
(José Luis Serrano)



Dolían aquellas tardes de domingo, en que las parejas felices llenaban los parques, las calles, los cines y las terrazas mientras yo sólo buscaba huir de la visión de lo que yo no tenía. Esas tardes, en  que las salas de exposiciones cerraban, y las amistades preferían dedicarlas a la familia o a ir preparándose para el inminente inicio de semana, yo iba al encuentro de parajes solitarios donde pasear hasta agotarme y dejar que la visión del paisaje ocupara el lugar de la añoranza.

De domingo era aquella tarde en que volvía de Sevilla terminando aquel libro que comencé leyéndote en voz alta entre las sábanas de aquel hotel junto a la Alameda de Hércules, y que mantuve abrazado cuando lo cerré al llegar a Zaragoza mientras me acercaba a la parada de taxis. Domingo era aquel día que significó el final de aquel tiempo feliz de caramelo que compartimos y, quizás por eso, no noté muchos más cambios después: la distancia era la misma y las tardes de domingo eran igual de tristes y desangeladas.

Ahora, desde que ya no te extraño, las tardes de domingo tienen otra luz pero, hoy, al cerrar con amor un libro recíén leído, me he traído el recuerdo de aquel regreso de Sevilla y no he podido evitar esa lágrima que queda después de exprimir tu recuerdo por última vez.

1 comentario:

Pilar Escamilla Fresco dijo...

Es precioso, Frantic, precioso... y muy triste. Te quiero.