martes, 5 de abril de 2016

SABOR A SUR


Jerez de la Frontera, enero 2016.


"Sabe a sur" pensé la primera vez que escuché ese delicioso Para que no se duerman mis sentidos, cuando ya pensaba que, después del magnífico Nunca el tiempo es perdido, Manolo García sería incapaz de componer nada que, como mínimo, fuese igual de bueno.

Evocaba ese sabor cuando mi relación con el sur venía por herencia familiar, por los recuerdos de la música que le gustaba a mi padre, por el vino de Montilla-Moriles que encargaba por cajas porque era su favorito, por aquel inolvidable puente del Pilar entre amistades en Sevilla, por esos paseos por las cuestas de Granada donde vivía mi hermano...

No sabía entonces que La Atunara era una playa de la provincia de Cádiz -La Línea de la Concepción para más señas-, ignoraba que Jerez de la Frontera era una cantera de increíbles poetas y no imaginaba que, cinco años después, ese sur se pegaría a mi piel como el salitre después de un día en La Caleta.

Ahora, después de haberme reconciliado con ese sur con el que me enfadé hace un par de años, vuelvo a escuchar esos aromas y sabores y los recuerdos tienen solera de vino generoso. Ya han dejado de parecerme iguales todos los mares y vuelve a emocionarme hasta las lágrimas el rasgueo de una guitarra y la imagen de una copa de oloroso. Es la añoranza de un lugar al que, de nuevo, quiero volver.

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