miércoles, 16 de febrero de 2011

ALGO CIRCUNSTANCIAL

Llevo demasiado tiempo aburriéndome en mi trabajo y no porque no haya nada que hacer sino porque siento que ya no me aporta nada y porque cada vez soporto menos a la gente con la que tengo que compartir tiempo y espacio durante más de siete horas diarias.

Por eso, y tras la alegría inicial de saber que por fin me voy a poder jubilar a los sesenta y cinco años-ya sólo me quedan diecinueve-, me he decidido a prepararme unas oposiciones a las Cortes de Aragón a ver si cambio de aires.

Mientras tanto y ante la posibilidad de no aprobar, estoy haciendo todo lo posible para que el hecho de ir a trabajar se convierta para mí en algo circunstancial como lo es el salir a hacer un recado, tener que preparar la comida o ir al baño.

Me levanto temprano para desayunar tranquilamente, realizo alguna tarea doméstica, leo la prensa y hago alguna cosa que me guste. Para las tardes, procuro tener pensado de antemano algún plan que me apetezca, aunque ahora dedique casi todo el tiempo a estudiar.

El resultado es que ya no me levanto con pena pensando que tengo que ir al curro y me cambia hasta la cara en el momento en que ficho la salida.

A veces, sólo es necesario un poquito de esfuerzo para crear momentos felices.

1 comentario:

Tesa dijo...

Hola, Frantic, de nuevo por aquí te leo y te felicito, has acertado.

La vida cotidiana y la rutina con un poco de creatividad se hacen menos penosas.

Siempre que me ha tocado hacer un trabajo aburrido o que no me satisfacía he conseguido encontrar algún pretexto para asumirlo con buen humor.

Y es lo que yo les decía a mis colegas en el trabajo estresante que durante casi 9 años me requería 14 horas entre horario laboral y traslados cuando viví en Madrid.

"Mi vida real está ahí fuera, esto sólo lo hago por dinero, para pagar mis facturas y comer"

Y "ahí fuera" procuraba tener siempre dispuestos un montón de pequeños placeres para compensar.

Un beso,