viernes, 12 de marzo de 2021

MÁS QUE UN RECODO

    Había pasado toda la semana saliendo más tarde del trabajo para poder salir el viernes dos horas antes y, directamente, ir a coger un tren que me llevaría hasta Toledo, transbordo en Atocha mediante, para lo que sería el principio de una semana de vacaciones llena de planes apetecibles. Era el primer año, después de muchos, en que nos íbamos a juntar toda la familia para celebrar el cumpleaños de mi madre. Había un montón de exposiciones interesantes en Madrid e iba a quedar a tomar un café con Riber aprovechando, como decía él, una de sus citas con la Bruja Lola en el Marañón.

    Todo se fue a la mierda en menos de cuarenta y ocho horas, igual que se han ido muchas cosas durante todo este año para muchas personas: planes, ilusiones, trabajos, seres queridos, estabilidad emocional, etc.

    Ha pasado un año y, aunque mis pérdidas no son nada en comparación con las de muchas otras personas, sigo echando de menos todo aquello que nunca imaginé que podría dejar de hacer o tener de un día para otro.

    Nunca el tiempo es perdido, cantaba Manolo García, pero los recodos de nuestra ilusión ávida de cariño se han convertido en un laberinto de decepciones y ausencias del que no sabemos cómo y cuándo vamos a salir.

    Vacías son las palabras de consuelo que me dicen "ya habrá más ocasiones" cuando no sé cuándo se volverá a dar una oportunidad en que podamos coincidir toda la familia para el cumpleaños de mi madre, habrá más exposiciones pero no esas que tanto me apetecía ver y habrá más oportunidades de salir a tomar un café... pero Riber ya no está.